Opinión | Miel, limón & vinagre

Tino Pertierra

Víctor Manuel solo piensa en ti

Mamó desde la cuna lo que es la conciencia de clase conectada a las entrañas de la tierra y a la lucha constante de los mineros, que tanto saben de dolor en las profundidades y rebeldía contra las galerías de injusticias

Víctor Manuel.

Víctor Manuel.

A veces ocurre un milagro musical y una canción consigue instalarse en el imaginario colectivo desde que ve la luz por primera vez. Y no se apaga nunca. Pasó con Solo pienso en ti, un cruce insuperable de crónica basada en besos reales y arrebato lírico sobre una pareja con discapacidad que encontraba el amor en el jardín de las caricias. Juntos de la mano, claro. La compuso Víctor Manuel (Mieres, 1947) y no solo logró que la sociedad cambiara su forma de mirar para hacerla más respetuosa y comprensiva, también consolidó el papel de su autor como artista que da lo mejor de sí mismo a los demás.

No por casualidad una sola canción es capaz de inspirar todo un documental -presentado en el pasado festival de Málaga- que refleja la entrega absoluta de un creador a un compromiso sin fisuras con la honestidad como seña de identidad y con la coherencia como señal de aviso para navegantes: la libertad y el respeto no se negocian. Y eso incluye una tajante forma de exponerse a la vista pública: en tiempos de impudicia galopante al servicio del mejor impostor en el mercado del cuché, el cantautor asturiano mantuvo y mantiene un muro infranqueable que protege su vida privada de grandes hermanos y pequeños cuñados. Su relación con su alma gemela, Ana Belén, es toda una declaración de principios: no hay lugar para el exhibicionismo rosáceo en ella, y a pesar de la larga duración de sus baterías sentimentales, nunca han caído en la tentación (más libranos de lo banal, amén) de entrar en la rueda comercializadora de portadas, exclusivas y posados repasados con Photoshop.

No podía ser de otra forma tratándose del hijo del ferroviario y del nieto del picador allá en la mina. Mamó desde la cuna lo que es la conciencia de clase conectada a las entrañas de la tierra y a la lucha constante de los mineros, que tanto saben de dolor en las profundidades y rebeldía contra las galerías de injusticias. Víctor Manuel convirtió sus raíces asturianas en ramas desde las que observar el mundo. Como diría el añorado Juan Cueto, supo hacer de sus canciones un testimonio «glocal» que aunase lo global y lo local. Y, contando la historia de una pareja de mente distinta, conmovía y removía a varias generaciones sin distinción de edades y con el credo de la solidaridad y la empatía por bandera.

El realismo poético de Víctor Manuel fluye (compuesto para él o para otras voces) muchas veces como narración pura y madura a modo de pequeños relatos donde se pueden escuchar los ecos de tragedias y alegrías, de bravura y resiliencia. Y cuando hay que enarbolar un hilo épico, se hace: su Asturias inspirada en el poema de Pedro Garfias no es solo un himno para poner en pie a sus paisanos, pone los pelos como escarpias a cualquier ser humano en cualquier lugar del planeta (Sola en mitad de la…) Tierra. La mirada de Víctor Manuel se posa en terrenos donde se cruzan la lucha contra los abusos, el aprendizaje de la derrota, el coraje y la necesidad de mostrar aquello que una (mala) parte sociedad prefiere ocultar.

Lo personal y lo colectivo cosidos por el hilo de una escritura que teje emociones, nostalgia y pasiones con la compleja sencillez de quien busca la palabra exacta y la imagen precisa para no irse por las ramas. La infancia como patria que nunca se extingue, los episodios nacionales más duros o más reconfortantes, el amor por el Pilar de su vida (con la que llegó incluso a hacer sus pinitos en el cine, pero no era lo suyo, y sí lo de ella), la observación de penas o dichas ajenas para luego hornearlas al fuego lento de la poesía sin conservantes ni colorantes…

No es casual que las amistades artísticas de Víctor Manuel compartan con él muchas de sus inquietudes creativas. Serrat, Sabina, Miguel Ríos, Pablo Milanés… Sus giras colectivas están grabadas a juego en muchas memorias. Cultivó la canción protesta, sufrió en sus carnes el hierro infame de la dictadura y, poco a poco, fue explorando como un corazón tendido al sol los paisajes del ser más humano. No todo han sido éxitos (su etapa como productor de cine no tuvo final feliz) pero en lo suyo brilla como pocos, y ahí sigue encadenando conciertos de todo tipo y audición con una voz bien cuidada y una infatigable necesidad de contar y cantar al oído sus historias. Y lo hace pensando solo en ti y en todos nosotros.  

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