Opinión

La paleta cromática del hidrógeno

Un gas incoloro cargado de colores, con el verde como la alternativa más razonable

El título elegido para el artículo nada tiene que ver con el estricto sentido de la expresión propuesta: "tabla pequeña con un agujero en uno de los extremos por donde el pintor mete el dedo pulgar y sobre la que tiene ordenados los colores". Los tiros no van por ahí, se trata de una tecnología, de enorme vigencia y trascendencia, útil para conseguir energía limpia y renovable del modo más respetuoso posible con el medioambiente.

Aparece con frecuencia en las crónicas habituales el uso del hidrógeno como recurso, capaz de sustituir paulatinamente la energía producida con ingredientes de origen fósil, ya que éstos coadyuvan al cambio climático. Sus principales aplicaciones están centradas en la industria, transporte, utilidades domésticas y generación eléctrica.

El hidrógeno (H) es el constituyente químico más abundante, pero en la mayoría de las ocasiones se encuentra acompañado de otros, lo cual implica tener que captarlo, aislarlo y almacenarlo, mediante procesos que precisan de un aporte energético.

Una de las formas más normal de presentarse en la naturaleza es como agua, bajo la famosa fórmula química H2O, es decir, dos átomos de hidrógeno (H2) y uno de oxígeno (O). El volumen existente del líquido elemento en el planeta es exorbitante, pues la mayor parte de su superficie está cubierta por él, concentrándose muy singularmente en los océanos.

Para lograr aislar el hidrógeno del oxígeno se utiliza de manera tradicional la electrólisis, metodología consistente en administrar una corriente eléctrica continua al agua acidulada―para hacerla conductora― a través de unos electrodos sumergidos en la disolución y conectados a una fuente de alimentación (una batería o pila). El electrodo del polo positivo (ánodo) atrae al oxígeno, y el polo negativo (cátodo) al hidrógeno.

El hidrógeno verde es limpio y ecológico, pero más caro que los etiquetados como "negro", "marrón" o "gris"

El color atribuido al primer elemento de la tabla periódica está relacionado con la manera de engendrarlo y resulta ser un indicador de la cantidad de emisiones que se causan en su génesis. El dinamismo que precisa para separarlo de otros elementos justifica el epíteto colorista que se le otorga: verde, turquesa, azul, rosa, amarillo, negro, marrón y gris.

El "hidrógeno verde" se erige en el protagonista esencial y se postula como la solución más eficiente, pues su consecución no emite CO2 lo que favorece la descarbonización. Condición sine qua non para su generación a partir del agua es hacer uso de electricidad procedente de fuentes renovables, evitando así las emanaciones asociadas a los carburantes tradicionales, reduciendo significativamente las actividades polucionantes al ecosistema.

El "hidrógeno turquesa" se logra mediante degradación térmica (pirolisis) de un metal, alimentada por gas natural, el cual pasa a través del fundido y libera H y carbono sólido con lo que asimismo se soslayan efluvios contaminantes.

El "azul" se origina desde un proceso químico llamado "reformado" del gas natural, consiguiendo H y CO2 como subproducto, que es capturado y almacenado para reducir la difusión gaseosa. En el caso del "rosa", la hidrólisis se sustenta con aportación nuclear, por lo que sale bastante sostenible. El nombrado "amarillo" usa electricidad vinculada a orígenes mixtos, desde naturales hasta combustibles fósiles.

Para finalizar, los etiquetados como "negro", "marrón" o "gris" son hidrógenos creados con materias primas ricas en hidrocarburos ligeros ―como gas metano―, antracita, hulla o lignito. En este mecanismo no se capturan los gases de efecto invernadero, por lo que el resultado es completamente antagónico al que aporta el hidrógeno verde (limpio y ecológico, pero más caro). Aunque hoy día es el procedimiento más usual, representando el 99 % del total consumido en España, es el más dañino al entorno.

En la actualidad quedan tres centrales termoeléctricas activas: una en Asturias (Aboño) una vez descartadas las de Lada, Soto de Ribera y la del Narcea―, otra en Cádiz (Los Barrios) y una tercera en Mallorca (Es Murterar, Alcudia). Todas tienen previsto planes de cierre o transformación para dejar de quemar la roca orgánica, aunque no se descarta que la balear siga funcionando tal cual por si surgen emergencias. Se pretende su modificación para producir y suministrar hidrógeno recurriendo para ello a energías alternativas, de manera especial la eólica y/o solar.

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