El peregrino de la vacuna

Mike Bent recorre a pie los 37 kilómetros desde su casa en Piloña al centro de salud de Ribadesella en protesta por la distancia que debe cubrir para acudir a la cita

M. Villoria

Ribadesella

Desde su casa de Borines (Piloña) hasta Ribadesella, a pie. A sus 66 años, el inglés Mike Bent recorrió ayer los 37 kilómetros que separan su domicilio del centro de salud riosellano, donde estaba citado para ponerse la cuarta dosis de la vacuna contra el covid. Bent tiene coche, pero quiso hacer el trayecto andado para reivindicar que se tenga en cuenta la imposibilidad de muchas personas de la zona rural para desplazarse las decenas de kilómetros que separan sus localidades de los puntos de vacunación, en este caso el centro de salud de Ribadesella.

El inglés lleva afincado en Asturias desde finales de los años ochenta del pasado siglo, después de vivir en distintos puntos del mundo. Ayer emprendió su particular protesta poco antes de las ocho de la mañana. Atravesó el alto de La Llama para llegar a Colunga y continuó hacia el concejo riosellano, donde pasó por San Esteban y cogió la carretera de San Pedro hasta llegar a su destino en torno a las 17.50 horas. Realizó paradas en Colunga, en Berbes y en la playa de Santa Marina.

Bent considera que las autoridades sanitarias no tienen en cuenta que muchas personas de la comarca son mayores, carecen de vehículo propio o tienen que asumir viajes en taxi, porque tampoco las combinaciones y horarios del transporte público facilitan las cosas. "Hago esto para defender la zona rural, que cada vez pierde más gente. Hay personas que no pueden viajar porque están trabajando, son mayores o no tienen forma de llegar si no es pagando un taxi", comentó el inglés afincado en Piloña, que estudió Geografía e hizo un doctorado en Transportes. Ahora, colabora con una prestigiosa revista internacional especializada en tecnología ferroviaria.

De las cuatro vacunas que Bent se puso dos fueron en Infiesto y dos en Ribadesella, una de ellas en el polígono de Guadamía. Afirma que, al igual que se hace en otros lugares del mundo, aquí se podrían habilitar más puntos de vacunación. "A las aldeas se podrían enviar las dosis necesarias para completar la vacunación de los vecinos", defiende.

Desde que comenzó la vacunación, Bent dice haber conocido diferentes situaciones "irracionales". "No tiene sentido cuando cualquier sitio se puede habilitar como zona de vacunación. En Gran Bretaña se han utilizado iglesias, en Japón la gente se vacuna en su municipio y aquí siguen obligando a viajar 50 o 60 kilómetros. Se creen que todos tenemos acceso a un coche, a una persona que nos lleve o dinero para coger un taxi", concluyó el inglés, ya con la vacuna puesta.

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