Iglesia católica

El Papa, visiblemente debilitado, reaparece dos minutos antes de dejar el hospital

Francisco ha abandonado este domingo el centro hospitalario romano después de 38 días de hospitalización por una bronquitis que derivó en neumonía y que puso su vida en peligro dos veces

El papa Francisco reaparece en público tras más de un mes ingresado

PI STUDIO

Irene Savio

Irene Savio

Ciudad del Vaticano

Después de cinco semanas ingresado por una bronquitis derivada en neumonía bilateral, el papa Francisco ha reaparecido en público este domingo desde el hospital Gemelli de Roma. Desde allí, el pontífice argentino ha hecho un brevísimo saludo, visiblemente frágil, reflejo de un hombre de 88 años que, si bien se ha curado de su neumonía, ha quedado marcado por una difícil hospitalización de 38 días que empezó el pasado 14 de febrero. "Gracias a todos. Veo a una señora con unas flores amarillas, qué brava", ha dicho el Papa con voz entrecortada, en una intervención que duró apenas unos segundos.

Ante unas mil curiosos y fieles que lo aguardaban, Jorge Mario Bergoglio ha reaparecido en silla de ruedas ―la que ya usaba antes de ser hospitalizado, por problemas en las rodillas―y apenas ha levantado las manos, sin alzar los brazos. Luego ha saludado también levantando solo el pulgar y ha impartido la bendición, tras que un asistente le hablara al oído, quizá para recordárselo. Dos minutos después del inicio de su aparición ha vuelto a ser trasladado en el interior del centro sanitario, para partir primero hacia la iglesia romana de Santa María la Mayor —donde suele acudir tras sus desplazamientos en el extranjero— y, a continuación, a Santa Marta, su residencia habitual en El Vaticano y donde su habitación fue acondicionada para recibirle. 

Al llegar a Santa Marta y antes de poder finalmente descansar en su casa, Francisco fue recibido por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del colegio cardenalicio, según ha informado el propio purpurado. Este último, junto con el cardenal lituano Rolandas Makrickas, arcipreste coadjutor de la basílica Santa María la Mayor —al que el Papa entregó un ramo de flores para la Virgen de Salus Popoli Romani (Protectora del Pueblo Romano)—, se han convertido así en los primeros purpurados en tener acceso directo al pontífice argentino desde el inicio de su hospitalización, además del cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, que se encontró con Francisco también durante su ingreso. 

Nueva etapa

Empieza así esta nueva etapa del papado de Francisco en la que, como han adelantado sus médicos, deberá guardar al menos dos meses de reposo, en los que se desaconsejan los fuertes esfuerzos y los encuentros con grandes grupos de personas. Con ello, el Papa tendrá asimismo que seguir haciendo terapias y rehabilitación, también para acabar con ese conjunto de bacterias y virus que lo han aquejado en estas semanas y que, como han advertido, aún permanecen en su organismo. "Será una alta hospitalaria protegida que requerirá de una convalecencia", precisó el sábado su médico personal, Luigi Carbone.

Un proceso de curación que también tendrá que servir para recuperar una voz que se ha debilitado durante su hospitalización, como ya había explicado el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, prefecto del dicasterio de Doctrina de la Fe y muy vinculado a Jorge Mario Bergoglio, al margen de un acto celebrado el viernes en Roma. Fernández, sin embargo, también advirtió que difícilmente el pontífice presentará su renuncia al cargo de pontífice, como se llegó a especular durante la hospitalización de Francisco, y que, al revés, el jefe de la Iglesia católica dará "sorpresas".

Alta protegida

La incógnita es qué actividades el Papa podrá retomar estando en El Vaticano, y si participará en las ceremonias de la Semana Santa, una cuestión que ha suscitado muchas preguntas de los analistas vaticanos en los pasados días. De momento, la Santa Sede no ha querido dar información sobre esto y los médicos se han limitado a decir que Francisco no podrá en la inmediatez retomar el ritmo de trabajo de antes. 

La explicación se halla en que el Papa ha tenido al menos cuatro crisis respiratorias y su vida ha estado en peligro en al menos dos ocasiones durante su hospitalización, la más larga desde que es pontífice. Todo ello también sumado a que Francisco tiene enfermedades crónicas que, como dijeron desde el primer momento los médicos, no desaparecerán, y en los últimos años ha sido aquejado por diversas patologías, entre ellas, tan solo en 2023, una obstrucción intestinal por la que tuvo que ser sometido a una cirugía. 

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