Un camino entre pucheros

Un buen pote apetece los 12 meses del año

Los platos tradicionales no tienen secretos para una cocinera como Julia López Estrada, al frente de los fogones del bar Pili Miyares, en Piloña

Por la izquierda, Beatriz Montes y Julia López, en el interior del bar Pili Miyares.

Por la izquierda, Beatriz Montes y Julia López, en el interior del bar Pili Miyares. / Ana Paz Paredes

Miyares (Piloña)

En uno de los tramos más conocidos de la ruta del Camín a Covadonga abre sus puertas, a pie de carretera, el bar Pili Miyares, un chigre pequeñín y afayadizu, de los de toda la vida. Sencillo, sin florituras, porque allí lo que manda es su autenticidad, la del local y la de quien cocina y lo atiende. Un edificio con historia y que durante mucho tiempo también fue tienda. Para recordarlo, ahí se pueden ver todavía las viejas estanterías propias de los bares-tienda de toda la vida y en las que, si antaño estaban el jabón chimbo, los frascos de tomate, las pinzas o las cajas de zapatillas, hoy el sitio está ocupado por unas buenas botellas de vino de todo el país junto con alguna que otra pieza de cerámica.

La cocinera, Julia López Estrada, se puso al frente del local y de los fogones en enero de 2021, tras jubilarse su hermana Pilar, quien en su momento le dio nombre al bar, Pili, y lo apellidó, con acertada idea, con el del pueblo que lo habita: Miyares. Y es que este bar es bar... y algo más, como dicen con sabio razonamiento los vecinos de los pueblos: es un lugar de buen comer, centro social y hasta punto de información turística. Todo ello lo sabe bien Beatriz Montes, la cara visible del local y quien atiende a la clientela en barra y comedor.

Por la izquierda, Beatriz Montes y Julia López, en el interior del bar Pili Miyares.  | ANA PAZ PAREDES

Un plato de pote asturiano. / Ana Paz Paredes

La cocina tradicional no tiene secretos para Julia, de ahí que dos de sus platos fuertes sean la fabada asturiana y el pote, aunque cualquier guiso que haga de cuchara le sale apetitoso, además de las carnes, donde domina la caza. Tiene un menú semanal a 13,50 euros, con dos primeros, dos segundos y postres a elegir, mientras que el fin de semana, por ser más especial, es a 19,50. Ahí podemos encontrar, por ejemplo, y junto a la fabada y el pote, sopa castellana, garbanzos con callos o con setas y bacalao, merluza en salsa marinera o tortos con picadillo y huevos fritos, cambiándolos todos los fines de semana.

Un buen pote apetece los 12 meses del año

Tortos con huevos fritos y picadillo casero, en el bar Pili Miyares, en Miyares (Piloña). / Ana Paz Paredes

Cuenta también con una carta interesante y variada en la que entre sus especialidades figuran sus cachopos, la caldereta de cabritu, el codillo con patatas y los arroces, bien de pitu caleya, con setas y queso o el marinero. No faltan tablas de quesos y embutidos, ensaladas, un plato variado de croquetas, pollo al ajillo, callos caseros en temporada o las zamburiñas a la plancha. También tenemos aquí el plato de la abuela: chorizo, huevos fritos y jamón y sus tres variedades de tortos.

En el interior caben 12 comensales; tienen una carpa para otras 24 personas y una terraza anexa a esta para otras 14. Llegado el buen tiempo cuentan también con una zona de merendero a la antigua usanza para que los peregrinos que van a Covadonga puedan comer su comida, comprando las bebidas en el bar. Cierran los martes por descanso. Resulta imprescindible reservar en el 985707610. No doblan mesas.

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