Preocupación en Lloreda tras el aval a un parque de baterías
La instalación supera la evaluación ambiental y los vecinos sopesan acudir al Juzgado: "No somos ciudadanos de segunda"

Vecinos de Tremañes y representantes de sus tres asociaciones vecinales, junto a la capilla de Lloreda, durante una de sus protestas. / Juan Plaza
Uno de los dos parques de baterías que se proyectan en el entorno de Lloreda acaba de recibir, de acuerdo al informe de impacto ambiental que emite el Principado, el visto bueno para su instalación. Señala el documento que el parque, de acuerdo a la normativa actual, cumple con los requisitos requeridos por estar a más de 100 metros de distancia de las casas y ubicarse en suelo industrial. Los vecinos, sin embargo, confían en parar el plan y barajan judicializar el caso.
La instalación de parques de baterías sigue por ahora su tramitación burocrática con normalidad pero con varias gestiones pendientes. El Principado limitará su colocación en suelo industrial para proteger núcleos rurales y el Ayuntamiento anunció que tramitará una moratoria para este tipo de negocios. Los vecinos, sin embargo, se mostraban ayer inquietos por ver que este proyecto parece seguir adelante y, sobre todo, por la argumentación recogida en el informe. José Luis Fernández, "Aguirre", de la asociación de Vecinos de La Bareza-Lloreda, de hecho, asegura que hablará con el resto de socios para estudiar emprender acciones legales si el proyecto finalmente recibe todos los avales necesarios. Él, por un lado, rechaza los cálculos estimados y asegura que ambos parques tienen casas habitadas a menos de 100 metros, pero, en cualquier caso, entiende que esa distancia mínima se debería ampliar, como se prevé hacer en los núcleos rurales, a al menos 500 metros. "No puede haber ciudadanos de primera y segunda categoría", señala.
El informe de este parque sí reconoce que "el principal efecto negativo de este tipo de instalaciones se centra en el riesgo de incendio y/o explosión", pero también señala que se incorporarían sistemas de detección y extinción para evitar posibles daños. "No se nos permite meter un monopatín en un transporte público y se nos quiere poner una bomba al lado de casa", valora, sin embargo, Aguirre, que alerta del "peligro de los campos electromagnéticos" y de "lo difícil que es apagar una batería cuando tiene una fuga, como nos explican los bomberos". Por ahora, los vecinos se quedan a la espera de recibir alguna previsión –el parque tendría todavía que superar más trámites, como el de otorgamiento de licencia–, y estudian presentar un contencioso.
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