Nueva amenaza
El Ejército urge a la industria a proporcionarle medios de combate, inhibición y armas láser contra los enjambres de la guerra robótica

En el Ejército inquieta la proliferacion de millones de drones en el frente de Ucrania. En la foto, militares del Regimiento de Artillería Antiaérea RAAA71 de Madrid. / JJF

En este momento de la guerra de Ucrania, seis millones de drones están desplegados para observar o atacar en los 1.500 kilómetros de frente. La cifra relata de forma apabullante cómo la invasión rusa ha inaugurado una nueva era de la guerra, y contribuye a hacer aún más apremiante un mensaje que las Fuerzas Armadas están enviando a la industria española de la defensa: el de que no hay tiempo que perder.
Por la evolución que se ve en Ucrania, tener capacidad de combate contra drones es "una necesidad crítica". Así se la califica a este diario el general de brigada Luis Sanz Muñoz, al frente de la Dirección de Adquisiciones. Y urgen sistemas made in Spain contra la principal amenaza: enjambres de robots. El Ejército aspira a estar preparado cuando esa novedad se confirme en la guerra.
Esta inquietud ha sobrevolado el encuentro que el Ejército ha mantenido este miércoles con científicos y ejecutivos de empresa en la base Capitán Guiloche, al norte de Madrid, sede del Mando de Artillería Antiaérea y del Regimiento RAAA 71. El tema de conversación ha sido el robot volador, o UAS (Unmanned Aerial System, sistema aéreo no tripulado). En una convocatoria de la Dirección de Adquisiciones del Mando de Apoyo Logístico (MALE), los militares han contado a los técnicos lo que necesitan, y las empresas, a su vez, han presentado lo que tienen.
Cinco lecciones de la nueva guerra
El boceto de las necesidades se afina con datos que el Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS) procesa de lo que percibe en los frentes del Donbás y Zaporiya, hallazgos y adquisiciones que se pasan al Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), donde se hace lo que llaman "explotación técnica del conocimiento de la amenaza".
Ese conocimiento de la realidad en Ucrania constata cinco trágicas innovaciones destacables.
Detalle uno, el silencio: rusos y ucranianos han logrado atacar con drones filoguiados con fibra óptica, que ahora protagonizan cientos de emboscadas. Al no mediar señal de radio en su vuelo, se vuelven muy letales por hacerse casi indetectables e invulnerables a la inhibición de antenas y radares habituales.
Detalle dos, la velocidad: el tiempo entre la detección de un dron o emisión de una señal electrónica y la respuesta para destruir la máquina o al emisor de esa señal se ha reducido ya en el frente de Ucrania a entre uno y dos minutos.

Un soldado de la 83 Brigada mecanizada del ejército ucraniano maneja un dron FPV en Pokrovsk, región de Donetsk. / 93 SMB
Detalle tres, la gran amenaza: aún no se ha visto un ataque coordinado en enjambre entre la ingente cantidad de máquinas que a diario alcanzan a vehículos, edificios y seres humanos, pero sí se ven ofensivas en las que Rusia ataca con una masiva combinación de drones, bombas, misiles y artillería. El enjambre de robots no tardará en llegar.
Detalle cuatro, los señuelos: en esos ataques en oleada, Rusia mezcla aeronaves no tripuladas con carga explosiva con las que no la llevan, algunas imitaciones de porexpán. El objetivo es agotar la defensa de su enemigo.
Detalle cinco, la implacabilidad: la guerra con drones rebaña vidas. Para el coronel Rómulo García Huerta, jefe del RAAA 71, "hoy dos soldados en un campo son un objetivo, antes no lo eran". Un blanco militarmente tan pobre deja ahora gran rédito: "Lo aprovechan mucho los rusos en las redes sociales", ha contado. Cuentan los ucranianos a sus adiestradores españoles de la misión EUMAM que el que nadie esté a salvo "tiene un efecto sobre los soldados devastador".
Nichos de negocio
La fibra óptica prolifera en la guerra ucraniana. Los contendientes "tienen a su alcance bobinas de 40 kilómetros", ha relatado el teniente coronel de Artillería Francisco José Olivares; y el coronel Juan Antonio Ortega, de la Dirección de Innovación de Defensa, ha apuntado que "en Aliexprés hay a la venta rollos de fibra óptica por 300 euros".

Un soldado del Regimiento de Artillería Antiaérea de Madrid maneja un dron comercial cargado con una granada antipersonal. / JJF
En su exposición, Olivares ha señalado cinco necesidades del Ejército que, en su opinión, son también cinco "nichos de negocio" para la industria española de defensa. Estaban presentes representantes de firmas de capital español: Amper, Indra, Red Team Shield, Nammo, Escribano, ART, Adevex, ATL Europa...
La demanda recae en el ámbito de la decepción (confundir al enemigo y sus UAS, lanzando, por ejemplo, señuelos con carga metálica que originen una señal en el radar, o enviando falsas señales electromagnéticas), la detección (sin olvidar que un radar con esquemas ya superados "será localizado y batido, será uno de los primeros objetivos"), la inhibición ("verdaderamente la fibra óptica es un problema", ha lamentado), los efectores (máxime si un dron kamikaze de 5.000 euros puede derribar un dron Shaheed que al enemigo le ha costado 20.000) y las armas láser. A esta solución le falta tiempo. "No es una tecnología madura", ha dicho, pero "está en evolución", ha matizado.
En el programa conjunto de Defensa para adquisición de efectores está prevista la integración de inteligencia artificial para 2026. Al láser se le espera para antes de 2035: queda poco tiempo. "Nuestro objetivo es la protección del combatiente, son los efectores, los inhibidores con inteligencia artificial integrada... y deben ser desarrollados por la industria nacional, para evitar que nos afecten rupturas de cadenas logísticas", ha opinado.
Multiplicar los sistemas
La guerra ha subido en Ucrania un escalón en la intensidad. En el INTA ya piensan en un futuro en el que habrá que neutralizar (o manejar) enjambres mixtos de drones, aéreos y terrestres, coordinados por inteligencia artificial, "en los que cada uno hace su misión, y ya ni el operador sabe cuántos intervienen", ha explicado el teniente coronel del Ejército del Aire Jesús Sánchez.
El general Ignacio Ojeda, jefe del Mando de Artillería Antiaérea, considera que, "con millones de cosas volando, se ha democratizado la amenaza". A empresarios, técnicos y compañeros de armas les ha explicado que "para eso no hay otra solución que democratizar la defensa antiaérea, abaratándola y multiplicando los sistemas".
En la carrera contra los avances de los drones, el problema del Ejército y la industria militar es que el escudo va por detrás de la espada. "No podemos estar sólo reaccionando, porque acabaríamos coleccionando sistemas que enseguida quedan obsoletos". Por eso lo que los artilleros piden a las empresas es "una plataforma multirrol", un vehículo con carga capaz de adaptarse a los cambios.
Y ha de ser con agilidad. Ojeda ha ironizado citando "al pensador Mike Tyson: Todos tenemos un plan hasta que nos dan el primer puñetazo".
De ahí que "necesitamos velocidad", cree. Y Sanz Muñoz le reconoce a EL PERIÓDICO que "hay prisa, pero es escalable". En su opinión esa línea roja de Defensa, la de que se invierta en tecnología española y no foránea siempre que se pueda, "no es un freno en absoluto".
En este encuentro que el Ejército ha organizado con la fórmula de taller de su plan de renovación Fuerza 35, se ha doblado el mensaje a las empresas: "Debemos darnos prisa", ha concluido el general jefe del Mando de Apoyo Logístico del Ejército, Raimundo Rodríguez Roca, para quien "la solución ha de ser un sistema abierto" embarcable en "una plataforma multirrol para defensa antiaérea de baja cota". O sea, herramientas ligeras y efectivas contra bandadas de robots "mini y micro" que atacan, como ha mostrado algún vídeo viral de la guerra, a objetivos que antes no merecían la pena, "un simple vehículo militar repostando de noche", lamenta.
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