Mieres, entregado a Rozalén: "Siempre escribo de lo que vivo, observo y siento"
La cantautora cerró en Mieres el festival "Fiasco", que este año se ha dedicado a las mujeres en la cultura y ha tenido un éxito de público

Rozalén, durante el concierto en el "Teodoro Cuesta". / Orbayu Fotografía
Escuchar a Rozalén es "acercarse a lo oscuro de la vida desde la belleza". Así presentó ayer la poeta Laura Casielles a la cantautora, en el "vis a vis" que mantuvieron en un abarrotado Auditorio "Teodoro Cuesta" de Mieres. El encuentro fue el acto final del festival cultural "Fiasco" –organizado por la concejalía de Cultura, que dirige Rocío Antela–, que este año llevaba por epígrafe "Matria" (y que se ha dedicado a las mujeres en la cultura). Fue una conversación íntima entre las dos, en la que Rozalén profundizó en su sentir y en el proceso creativo. "Siempre escribo de lo que vivo, lo que observo y lo que siento", afirmó.
Decir que el Auditorio "Teodoro Cuesta" estaba abarrotado no es caer en el tópico. Los asistentes llenaron las butacas y la organización tuvo que facilitar asientos plegables para algunos de los asistentes, que se encontraban en lo más alto de la sala (cuenta con un total de 306 butacas). Laura Casielles, poeta, periodista, filósofa y escritora, inició el acto recordando al pueblo palestino.
Leyó unos versos del palestino Mamud Darwish: "Sobre esta tierra hay algo que merece vivir: / la indecisión de abril, el olor del pan al alba, / las opiniones de una mujer sobre los hombres, / los escritos de Esquilo, las primicias del amor, la hierba sobre las piedras, / las madres erguidas sobre un hilo de flauta / y el miedo que los recuerdos inspiran a los invasores". Un poema que, aseguró Casielles, también recuerda a Rozalén.
Porque si alguien cree en el poder de la tierra, de la raíz, esa es ella. Lo ha demostrado mil veces, La última, en la presentación de su último álbum; "Matriz". Un homenaje, apuntó Rozalén, "para todos los lugares de España que me han hecho sentir como en casa". "Estoy orgullosa de este disco, siento que he abierto una ventana a la honra de nuestros ancestros".
El proceso creativo no fue sencillo. Se ha sentido "valiente" por cantar en euskera y en otras lenguas. Siempre habrá quien la critique, pero no se frena por el ruido: "En realidad, es un ruido de pocas personas. La mayoría de la gente es muy bonica", aseguró.
Público
Como la que ayer la aplaudió, a rabiar, en Mieres. Más cuando, con su naturalidad de siempre, Rozalén repasó los momentos de su vida que la han llevado a hablar del dolor, de rasgarse el alma con belleza, en sus canciones. "Yo no puedo decir que este cura no es mi padre", sonrió. El padre de Rozalén fue sacerdote durante unos años pero pasó lo que no esperaba; el amor. Aquello le valió a su madre una buena represalia: "Llegaron a tirarle piedras".

Público asistente al acto. / C. M. Basteiro
Y la desaparición y asesinato de su tío abuelo, en la Guerra Civil. Esa historia que se contaba a media voz en su casa, y que ella cantó en un acto que considera "terapéutico para toda la familia". Su abuela pudo dejar una rosa en la fosa común en la que habían enterrado a su hermano, cuando solo tenía 19 años.
Todo el bagaje, todo lo sentido, hizo de Rozalén lo que es hoy. Una artista que emociona a todos. A todos, literalmente; en sus actuaciones siempre la acompaña una intérprete del lenguaje de signos. Para ella tuvo unas palabras ayer: "Bea (Beatriz Romero) fue mi hermana en otra vida, estoy segura. Somos fans la una de la otra; ella es la más ‘friki’ de mis letras", rió, no sin cariño, Rozalén.
Se conocieron en un voluntariado, decidieron seguir juntas en la carrera musical. Porque, dice Rozalén, que con Beatriz ha aprendido que "la realidad de la mayoría no es la única realidad". Un aprendizaje que lleva en cada paso que da, en cada historia que cuenta. Hace unos días, Rozalén llegó de una visita a un campo de refugiados saharuis. Por eso, dijo ayer, la voz se le quedaba a ratos en la garganta. Cuando empezó a cantar, sonó mejor que nunca.
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