Vivienda
Las secuelas de una okupación en Ibiza: "Hurgan en tus cosas privadas, es como una violación"
Una mujer estaba trabajando lejos de Ibiza cuando le avisaron de que su pequeña vivienda de Dalt Vila había sido okupada

Vivienda de Dalt Vila recientemente desokupada por la Policía. / | MARCELO SASTRE
Guillermo Sáez
Patricia prefiere ocultar su nombre real y la localización exacta del "pisito alquilado muy pequeñito, muy hippie y sin nada de lujo" donde lleva viviendo desde hace 20 años, en Dalt Vila.
"A veces todavía tengo miedo", dice, miedo a que las personas que entraron en su vivienda hasta en dos ocasiones distintas cuando ella estaba lejos de Ibiza vuelvan a hacerlo.
Porque sabe que "nunca va a ser como antes" por mucho dinero que siga gastando en sistemas de seguridad. Es la herida emocional que comparten muchas personas que han visto sus domicilios okupados por completos desconocidos, esa que resulta casi imposible cerrar para siempre.
El pasado verano, esta mujer estaba fuera de Ibiza cuando recibió una llamada de su casero. Le contó que le había llamado la Policía avisando de que habían intentado okupar el piso. Los agentes, alertados por un anónimo, se presentaron en el lugar y se encontraron a "un tipo totalmente embriagado" al que se llevaron detenido.
Tras recibir el angustioso aviso de su casero, Patricia llamó a un amigo para que fuera a ver en qué estado se hallaba la vivienda. "Entró al piso y se encontró con un panorama que me hizo ponerme a llorar en cuanto me lo describió. Fue una patada. El piso estaba destrozado", recuerda, antes de desgranar el balance de daños.
"No habían podido conectar el agua, así que te puedes imaginar cómo estaba el baño. Se habían llevado todas las cosas de valor. Estaba todo lleno de colillas, de latas de cerveza, y había una peste… Tuve que tirar casi todo. Me quitaron todas mis fotos y las tiraron por el suelo, sacaron las fotos de mis padres de los cuadros y las tiraron a la basura… Eso fue lo que más me afectó".
Al principio, Patricia pensaba que "lo habían hecho por maldad", ya que esa manera de destruirlo todo escapaba de su comprensión. "Después me di cuenta de que era porque se querían quedar ahí", añade. A la devastación se sumaba todo lo que no aparecía por ninguna parte: joyas de plata, piedras semipreciosas, cámaras, gafas de sol, electrodomésticos… Objetos robados y valorados en unos 5.000 euros.
Cosas que daban "muy mal rollo"
Como ella seguía lejos de la isla por obligaciones laborales, fue su amigo quien se encargó de hacer el papeleo y cambiar rápidamente la cerradura del piso. Eso no impidió que alguien volviera a entrar en la vivienda cuando ella todavía no había podido volver a Ibiza.
"Creo que siempre entraron por el tejado, por un balconcillo tan empinado que yo nunca pensé que podía colarse nadie", considera. Cuando al fin pudo regresar, además de echar en falta sus propias cosas, se encontró con otras que le asustaron aún más, como "una libreta con unos dibujos que daban muy mal rollo".
Pensó en irse para siempre, pero optó por enfrentarse al miedo. Había llegado el momento de convertir su casa en un búnker: "La alarma me la pusieron rápido, pero sin rejas en la ventaja y el tejado no podía volver a dormir ahí, así que puse seis rejas entre los dos balconcitos y las cuatro ventanas. Y les puse candados de los buenos, no de los chinos, que solo abro para tender la ropa.También empezó a venir una persona a cuidarme el piso cada semana".
Lógicamente, todo esto le ha costado "una pasta tremenda" que cifra en otros 5.000 euros aproximadamente, más las cuotas que tendrá que seguir pagando por la alarma: "Además del daño que te hacen psicológicamente, es el dinero que te gastas para que no vuelva a ocurrir. Yo al menos me lo puedo permitir, pero hay gente que no".
"Es un trauma"
Las tres medidas preventivas se completan con una cuarta: no dejar "nada valioso" dentro. "Ahora estoy otra vez a gusto en mi casa, pero me ha costado esfuerzo. Es un trauma. Ellos hurgan en tus cosas más privadas y viven ahí, no solamente te roban todo. En cierto sentido es como una violación porque son personas que tú desconoces, pero que ellas sí te conocen a ti y han estado viviendo en tu casa con toda la falta de respeto posible", reflexiona.
Mientras tanto, sigue esperando a la sentencia del juicio por robo y usurpación del okupa, cuya defensa ante el juez se limitó a argumentar que estaba "muy borracho".
"Dijo que se había ido de fiesta con un tipo del que no sabía ni su nombre, que le había invitado a ir a su casa y que se despertó por la mañana cuando la Policía tocó a la puerta. Los vecinos me dijeron que la realidad es que llegó a haber tres personas dentro y que hubo peleas y de todo", se resigna la víctima, quien, "después de todos estos meses", todavía se "alborota" recordando todo lo sucedido.
"Emocionalmente me llegué a encontrar fatal. Ahora, cuando estoy sentada en el sofá, a veces tengo la sensación de que hay alguien arriba, de que me van a entrar por el balconcito unos encapuchados… A veces todavía tengo miedo. Esta experiencia me ha dejado marcada", concluye.
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