Opinión

Tiburones y sardinas

La necesidad de armarse para la disuasión

Hay décadas en las que no pasa nada y semanas en las que pasan décadas. Tal época nos toca vivir a los europeos, entendidos como ciudadanos que defienden un modelo de convivencia basado en un sistema de libertades individuales y colectivas firmemente arraigadas. Desde el final de la segunda guerra mundial han pasado décadas y nos hemos acostumbrado a que otros nos defiendan, a pesar del daño que sistemas totalitarios infligieron a las sociedades democráticas del pasado siglo. Nos olvidamos de los cañones y de que hay fronteras que siempre, por el norte y por el sur, es preciso defender con centinelas y preferimos dedicarnos a producir mantequilla. Abandonamos lo que nos hizo más fuertes para entregarnos con avidez a los que nos ha hecho más gordos.

Defender que es preciso armarse no es una llamada a la guerra, sino un mensaje de disuasión. Si eres el plato del día, te comen. Y en este momento Europa no tiene mayor defensa que algún cuchillo de cocina. La UE es el camping de disfrute lleno de tiendas de campaña, ellos son el tornado. Los bárbaros afilan sus armas, llegarán a nuestras puertas y nos encontrarán desocupados, tendidos en el sofá con una cerveza y palomitas presenciando por televisión un partido de la Champions. Estamos en el punto de mira de tipos que pretenden talar nuestro árbol genealógico.

En el proceloso océano de la geopolítica actual solo quedan tiburones y sardinas; y si no sabes qué eres, desde luego no eres un tiburón. Aunque te sientas protegido en un banco de bocartes.

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