Entrevista | Noelia Velasco de la Torre Ecóloga forestal, responsable de naturaleza en el Museo Evaristo Valle

"Vivimos un reencuentro con la jardinería"

«Hay una nueva mirada y una nueva atención a un espacio que teníamos muy olvidado», señala la guía de naturaleza y fotógrafa, que hoy presenta a las 12.30 horas en el Museo Evaristo Valle su libro «En la vereda»

Noelia Velasco, con el libro que hoy presenta en el Evaristo Valle. |

Noelia Velasco, con el libro que hoy presenta en el Evaristo Valle. |

A. Rubiera

A. Rubiera

Somió

-¿Cómo surge "En la vereda"?

-Después de ganar el premio Desnivel con "Una ventana al bosque", se pusieron en contacto conmigo de la editorial Tundra para ofrecerme formar parte de su colección "Paseos". Me pidieron que describiera un paseo mío por la naturaleza donde reflejase lo que es para mí la literatura de naturaleza.

-¿Y adónde lleva al lector?

-Le llevo a un bosque de ribera que, como prácticamente todos los bosques de ese tipo, está en un estado de retroceso. En concreto este está cerca de mi casa, en Piedras Blancas. Se llama La Pontona y no es una ruta que esté marcada, ni nada, sino que es un sendero que recorre un río. Como le ocurre a todos los bosques que suelen estar en las proximidades de pueblos y ciudades, que han vivido históricamente una degradación importante, a éste también le ha ocurrido.

-¿Y aún así lo elige?

-Sí porque pese a existir ese retroceso en él, es muy bello. Porque los bosques de ribera comparten también una característica y es que, como es obvio, en ellos hay un río. Y un río siempre es una llamada a la vida. Son muchísimos los seres vivos que se quieren acercar al río a beber. Con lo cual, sigue siendo pese a todas sus mermas una expresión muy exuberante de naturaleza. Además está el hecho de que, para mí, que me dedico a la ecología forestal, es un placer y un privilegio observar como el bosque siempre intenta recuperar los espacios que le han sido arrebatados.

-Alguien le dirá que con la cantidad de paseos grandiosos que podría encontrar en Asturias...

-Cuando Tundra me propuso este proyecto estuve unos días pensando a qué bosque me iría porque conozco muchos. Al final me dije: "me voy a mi bosque, que es el que conozco como si fuera una extensión de mí". Ha sido mi maestro; en ese bosque me he formado como guía de naturaleza, he hecho tantas visitas y he disfrutado tanto aprendiendo y compartiendo, que creo que se lo debía. También me parecía bonito poder darles voz a los bosques de ribera, precisamente por la necesidad que tienen de ser atendidos y de que les dejemos un poquito más de espacio. Lo necesitan.

-¿Qué momento vive ahora el turismo de naturaleza, la lectura de naturaleza... el aprecio general?

-Creo que está habiendo una nueva mirada y una nueva atención a un espacio que teníamos muy olvidado. Lo que pasa es que sería muy interesante que creciera también nuestra conciencia de que son seres vivos, tienen sus necesidades y una parte importante es nuestro reconocimiento. Que nos demos cuenta, por ejemplo en el caso del bosque, que cuando estamos entrando en él estamos penetrando en un ser vivo y necesita esa consideración y esa calma y ese aprecio porque está lleno de delicadeza. Si vamos a regresar a la naturaleza que sea desde ese punto de partida.

-¿Algún bosque o jardín gijonés le hubiera inspirado?

-No necesito irme muy lejos. Me preguntan muy a menudo que con qué me quedo, si con el bosque o con el jardín, porque yo habito esos dos mundos. Y siempre digo que tengo el privilegio de no tener que escoger. Me quedo con las dos cosas. Cada día aprecio los jardines del Museo Evaristo Valle y cualquier día me animo y escribo sobre un paseo.

-No hace de menos a los jardines, por lo que se ve.

-Un jardín es otra lectura de la naturaleza y más cuando está guiado, no solo cuidado, por un jardinero, como ocurre en el Evaristo Valle. Son necesarios en nuestra forma de vida; no podemos vivir sin jardines y parques. Y ahora mismo está surgiendo un reencuentro con la jardinería derivada quizás de que, por series o películas, esa pasión que hay por los jardines en Inglaterra han llegado a nosotros. Que se esté despertando el interés de la jardinería en muchas personas a mí me parece maravilloso porque si aprendemos a cuidar de las plantas aprendemos a desarrollar esas manos verdes que nos llevarán a que pongamos un poco de interés en esos seres vivos.

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