Marta trabajó en el "Un, dos, tres" y luego ganó una vida

"Las grandes ciudades están expulsando a la gente, el futuro está en los pueblos"

ASTURIANOS EN GRADO: Marta y Álvaro Fernández

Julián Rus

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Marta Fernández, Taller Alvar, carpintería de diseño. La moscona Marta Fernández García, de 44 años, pasó una década trabajando en Madrid como decoradora en el mundo del cine y la televisión. En 2012 volvió a Grado y tres años después montó con su pareja, Álvaro Fernández González, el Taller Alvar, una carpintería diferente, de muebles de diseño y a medida, que también hace restauración y proyectos de interiorismo.

"Me fui a Madrid en 1996 a estudiar Bellas Artes y allí estuve trabajando hasta el 2010-2011. Como mi madre se puso enferma, me vine aquí un tiempo con ella a Grau y cuando regresé a Madrid ya solo me quedé allí seis meses más. Había perdido el ritmo. Así que mi pareja y yo no volvimos".

"En Madrid había estado trabajando en temas de decoración. Trabajé en series de televisión de atrezzista, que es el que se encarga de que todos los objetos, todo lo que se necesita en el rodaje, esté donde tiene que estar. En Televisión Española trabajé también como ayudante de decoración, que es el que crea todo el escenario. Estuve en el ‘Un, dos, tres’, en el último coletazo del programa. Trabajar en Televisión Española es una oportunidad, tienes todos los recursos que quieras. Yo había trabajado para una productora, pero TVE era otro mundo".

"Volvimos en 2012, con la crisis. Vivíamos en Vallecas y aquello era duro, quedó mucha gente en la calle. En realidad, la ciudad nos expulsó. El trabajo empeoró mucho y también creo que yo estaba en una crisis de modo de vida. Del trabajo me cansé ya. En el mundo de la decoración, sobre todo en el cine y la televisión, son trabajos muy inestables. Tienes trabajo una época del año y el resto, malvives. Te lo pasas muy bien, pero es muy estresante. A partir de cierta edad supongo que ya pides otra cosa y yo ya me iba cansando de estar todo el rato de un lado para otro".

"Cuando volví en 2012, empecé a trabajaren temas de educación artística y estuve en una galería.... Pero al final, hablándolo con mi pareja, con Álvaro, como él tampoco encontraba trabajo de lo suyo, que estudió administración de empresas, decidimos montar una carpintería. Y nos formamos. Lo que hacemos sobre todo es mobiliario auxiliar pequeño, a medida. Todo lo que se sale un poco del estándar. También hacemos restauración de muebles y de patrimonio. Nos llegan encargos de todo tipo. Incluso hemos hecho juguetes de madera. Y como colaboramos con un arquitecto, también hacemos diseño de interiores. Empezamos en el 2015 y la verdad que estamos muy contentos. Vamos poco a poco, pero la verdad que era un nicho que nos gustaba mucho. Y por suerte aquí había déficit de ese tipo de oficios. Nosotros tratamos de renovarlo, que tenga mucho de diseño y, sobre todo, hacer cosas honestas. La honestidad en lo profesional y en el trato con la gente es muy importante".

"Lo que nos pasa a la mayoría de los que venimos de la ciudad grande, con mucha presión de muchos años de trabajos muy duros, de vivir siempre con la gota encima, de que te cae cada mes el alquiler, pum, pum, pum, y de que te cobran por todo, pues de pronto llegas aquí y, aparte de que tienes toda la red de tu familia, todo te resulta es súper fácil en el sentido económico".

"Creo que la ciudad lleva muchos años expulsando a la gente y los pueblos tienen mucho potencial. Sobre todo, pueblos del centro de Asturias que tienen buenas comunicaciones. Esos están atrayendo mucha gente. Yo aquí conozco a catalanes, madrileños, a gente de distintos sitios que de pronto aparecieron aquí. O gente que volvió, como nosotros, porque al final cuando tus padres se van haciendo mayores o cuando quieres tener hijos las ciudades son muy complicadas. O tiene mucho dinero o es muy complicado vivir allí".

"Y yo creo que va a venir mucha más gente. Cuando nosotros regresamos, antes de la pandemia, ya se estaba yendo de Madrid mucha gente que conocíamos. Ya en ese momento la ciudad estaba empezando a echarlos. Veíamos que el futuro eran los pueblos. Ya no puedes vivir en una gran ciudad. La gente resiste allí porque tiene miedo de irse a un sitio pequeño donde, a lo mejor, no tienes redes familiares o tienes que replantearte todo. Pero en la ciudad sobrevives. Pero solo sobrevives. No vives".

"Allí no podría criar a mis hijos. El trabajo normal en Madrid pues era de 8 o 9 de la mañana hasta las 5 o las 6 de la tarde. Tuve trabajos incluso de noche y jornadas de 16 horas. En los rodajes de televisión empiezas a grabar y acabas cuando acabas. Cuando trabajé en Televisión Española mi casa era un hotel. Con esos horarios, ¿quién va a criar a un niño?"

"Cuando dejamos Madrid me lo tomé como una liberación. Al principio, tenía una cierta resistencia a irme. Me decía: quiero seguir en la ciudad porque quiero seguir aprendiendo y trabajando de lo mío. Pero al final veía que no compensaba. Al final, dijimos: nos vamos a Asturias y ya veremos lo que hacemos. Por lo menos vivimos más tranquilos".

"Cuando me fui a estudiar a Madrid tenía muchas ganas de libertad, de estar a mi bola, de que nadie me mirara, de no tener que dar explicaciones. Cuando te vas fuera y ves que tienes esa libertad y la interiorizas, al volver ves las cosas de otra manera. No necesitas casi nada para ser libre. Libertad en el sentido de ‘voy hacer lo que yo considero que es necesario’. Y luego también es verdad que yo tengo una visión muy poco materialista de las cosas. Necesito dinero, claro, como todos, pero vivo de otra manera, diferente a mucha gente. Para vivir aquí no puedes pensar en querer hacerte rico con un negocio. Tienes que ir viviendo con bolsas de dinero, ir cobrando cosas, ir haciendo proyectos para ir teniendo un remanente e ir tirando".

"Aquí ahora nos hace falta que la gente se ponga hacer cosas por su cuenta, que se atrevan, que dejen de pensar en ser funcionarios, que está muy bien que los haya y es necesario, pero hace falta que la gente se arriesgue. Pero bueno, cada vez hay más gente que se atreve a hacer cosas".

"Aunque las administraciones deberían apoyar más las iniciativas empresariales. Nosotros llevamos tiempo mirando para hacer una nave para un nuevo taller y es imposible encontrar. Lo primero, un terreno es muy complicado, y lo segundo, por ejemplo, en el plan Leader te dan dinero, pero te tienes que meter hasta las cejas y hacer una inversión muy grande. El polígono de La Cardosa está muy bien. Era una iniciativa pública para que no se especulara con el suelo. Hay gente que compró y tiene ahí negocios, pero otros que compraron están esperando a vender el terreno para sacar dinero. Y, al final, la gente que necesitamos un terreno a un precio accesible pues, o no llegas, o no te lo venden".

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