Opinión

Destrozos ya irreparables

Con todas las reservas a las que su inveterado imperialismo y supremacismo obligan, siempre he admirado de USA no solo su paternidad en las formas democráticas de poder, sino un profundo liberalismo real, puesto de manifiesto en la libertad de expresión y prensa, una capacidad de autocrítica que a veces parece ilimitada e incluso su ingenua pretensión de imponer modos liberales de vida a pueblos que no parecen apreciarlos. Ver cómo ahora se va hundiendo paso a paso en una charca con vertidos fascistoides apena de verdad, pues, aunque aún debamos esperar una reacción de su sociedad civil y de algunas de sus instituciones, hay daños que ya son irreversibles: cuando la vinculación de un país a unos valores democráticos que se suponen constitutivos e inderogables queda a expensas de la aleatoriedad de unas elecciones, la soberanía de esos valores queda ya rota para siempre.

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