El autor del crimen de la inmobiliaria de Gijón, en el primer día del juicio: "Le ataqué sin que se pudiera defender; no sabía que estaba su hija delante"

Felipe de Arriba afirma ante el jurado popular que mató a Tobajas porque le arruinó con un préstamo

En casi dos décadas "no hubo un solo día en que no pensara en él"

Arranca el juicio en Gijón por el crimen de la inmobiliaria: así fue la primera jornada

P. Palomo / A. Domínguez

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Gijón

A la primera pregunta de la fiscal reconoció que lo mató y luego declaró durante cuarenta minutos para explicar que a él le sobraban los motivos para tomarse la justicia por su mano. Felipe de Arriba Ramos, el asesino confeso de Fran Tobajas, se sentó ayer en el banquillo de los acusados de la Sección Octava de la Audiencia para responder por las dos puñaladas que sesgaron la vida del propietario de la inmobiliaria Golden Star, en Ceares, en septiembre de 2023. Contó que durante casi dos décadas "no hubo un solo día" que no pensara en Tobajas, a quien "odiaba", por haberle concedido con "engaños" un préstamo "abusivo" a su exmujer en 2005 que le llevó a la ruina. Contó que Tobajas le humilló durante años y que hasta se había acostado con su esposa "abusando de ella". También que, muchos años antes, tuvo claro que lo iba a matar, dudó hasta el último segundo y que ahora se "mostraba arrepentido". Sobre todo, por haber asesinado al empresario delante de su propia hija.

De Arriba contó todos estos detalles esposado, custodiado por dos agentes de la Policía Nacional, y muy tranquilo. Respondió a todas las partes y ni una sola vez levantó la voz frente al jurado popular que habrá de decidir si es culpable o no de una muerte que él ya reconoció a las primeras de cambio. El mismo día de su detención. El autor del crimen comenzó recordando la mañana de autos: el miércoles 20 de septiembre de 2023. Reconoció que ese día no fue la primera vez que merodeó por Campo Sagrado porque sabía, así lo dijo él mismo, que en esa calle la víctima tenía su inmobiliaria. Una inmobiliaria que, tras el asesinato, las hijas del fallecido tuvieron que cerrar.

El procesado explicó que dos días antes, el lunes, se cruzó con Tobajas. Este detalle no lo mencionó en la instrucción, pero ayer sí. "Me dijo: ‘Qué cojones te pasa, maricón’", contó sobre este encuentro, uno más que, según él, tuvieron desde lo del préstamo. "Eso me hizo revivir tantos años de rabia", añadió. Esa noche, detalló, no cenó y casi no durmió. Al día siguiente, el martes, ya tenía tomada la decisión. Tanto fue así que por la tarde, cuando salió de trabajar de la carnicería de la calle Uría donde estaba empleado desde hacía años, tomó un cuchillo de mango rojo y un filo de 15 centímetros (se enseñó ayer en el plenario) y se fue a Ceares. No pudo cumplir su objetivo porque eran más de las ocho de la tarde y el negocio de Tobajas ya había cerrado.

Al día siguiente, el miércoles, ya no fue a trabajar. Con el cuchillo que había sisado el día anterior, sobre la una y media de la tarde, le esperó en la calle. Aguardó tras una furgoneta blanca e hizo tiempo hasta que su víctima llegara fumando un cigarro. Vio aparcar a Tobajas en doble fila con su coche de empresa, un Peugeot blanco, y luego entrar en su inmobiliaria. Fue al salir cuando le ejecutó. "Dudé casi hasta el último momento. Le pillé por el hombro, a la altura del asiento del conductor y le ataqué. No sé si primero fue una cuchillada horizontal y luego la otra", dijo. "No se pudo defender, y no, no sabía que delante estaba su hija", añadió.

De Arriba Ramos expresó que, pese a su determinación, se "quedó petrificado" unos segundos. Había contado antes que ya había fantaseado con matar a Tobajas pero que, entre otras cosas no lo hizo antes, porque prefería esperar a que sus dos hijas fueran mayores de edad. Tras un breve lapso de tiempo tras el ataque, se fue caminando. "No me escapé. Solo quería irme del alboroto que se montó. Yo sabía que la Policía me iba a detener", concretó. Y así fue.

El día anterior al crimen se cruzó con su víctima: "Me dijo: ‘Qué cojones te pasa, maricón’"

Varios agentes de la Policía Local le dieron el alto a un par de calles. Contó que puso sus manos, aún manchadas de sangre, contra una pared. Y les dijo lo que había hecho con el cuchillo. "Lo tiré por encima del muro de la residencia del Carmen. Pero no quise deshacerme del arma. Es que me parecía ridículo ir con un cuchillo por la calle", alegó. También dijo que se enteró por la radio de la patrulla de que Tobajas murió. "Sí, dije que ahí estaba bien. No sonreí, pero sí me alegre. Le odiaba profundamente", añadió.

Fue "una estafa"

De Arriba consideró a Tobajas el culpable de la debacle de su vida por un préstamo que firmó su mujer. La mujer, que declarará hoy junto a una de sus hijas –también lo harán las hijas de la víctima, policías y testigos– ocultó este crédito al autor del crimen. Se enteró en 2007 y lo consideró una "estafa" porque, según dijo, Tobajas y otro prestamista le hicieron firmar a su mujer un reconocimiento de deuda por 12.900 euros y letras en blanco, cuando solo, supuestamente, llegó a recibir 3.500 euros a un altísimo interés. El otro prestamista ya ha fallecido. "Pagamos más de 40.000 euros", lamentó. Lo denunció, pero la Justicia no le dio la razón.

Nunca pudo probar que el préstamo, firmado ante notario, fuera un fraude porque la única prueba era una nota manuscrita que el otro prestamista, el ya fallecido, le había pasado. "Ponía ‘Mónica, Montevil, 3.500 euros’", aseveró el acusado. De Arriba Ramos contó también que la víctima le humilló y le insultó durante años. "Me dijo que no sabía lo que pasaba en mi casa cuando no estaba", dijo, en referencia a que su mujer mantuvo, según dijo, relaciones sexuales con Tobajas. "Tengo la certeza de que así fue. Abusó de ella", afirmó. Esto tampoco lo pudo probar porque borró en su momento los supuestos wasaps donde el fallecido le contaba todo este asunto.

Toda esa deuda les llevó a tener que pedir más préstamos, a divorciarse en 2010 y a perder la casa en 2014. Acabó viviendo en una habitación de un piso compartido en Contrueces. Mató a Tobajas muchos años después. A preguntas de la acusación, que le pide 20 años de cárcel por asesinato, trascendió que ya fue denunciado por otra abogada de otro prestamista por acosarla. La Fiscalía, por su parte, pide 18 años de cárcel. Y la defensa, ejercida por la abogada María Escanciano, pide una condena por asesinato en uno o dos grados menor. "No justificamos lo que hizo, pero queremos explicarlo", alegó. Cree que hay varios atenuantes: la confesión, la obcecación por todo lo relatado y la reparación del daño por dejar en consigna 250 euros. El único dinero al que tenía acceso.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents