Hevia, una apoteosis de gaita y amigos en el Campoamor: así fue uno de sus conciertos más especiales

El concierto aniversario del asturiano dejó más de dos horas llenas de recuerdos, emoción y colaboraciones

José Ángel Hevia, ayer, al inicio de su concierto en el teatro Campoamor.

José Ángel Hevia, ayer, al inicio de su concierto en el teatro Campoamor. / IRMA COLLÍN

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

La voz de Mari Luz Cristóbal Caunedo cantando el verso que da calor emocional a la celebradísima "Busindre Reel" sonó ayer en el teatro Campoamor como la quintaesencia de la música asturiana, con el gaitero que llegó al éxito internacional con esa composición a su lado y arropado por la legión de la Real Banda de Gaitas "Ciudad de Oviedo". Hevia celebró en Oviedo las bodas de plata de su éxito europeo, cuando le concedieron el "Platinum Award" por haber vendido más de un millón de copias en el continente, dos años después de haber publicado "Tierra de nadie". La fiesta devolvió a Hevia a su ombligo del mundo, un Campoamor, confesó, que era "el ágora del folk" en aquellos años en que se inició, y por el que ayer evocó toda su trayectoria acompañado de muchos amigos que dejaron momentos tan emocionantes como el de la veterana cantante de tonada, el "Asturias, patria querida" final con todo el público –aforo completo– puesto en pie, el cántabro Nando Agüeros haciendo corear "Viento del norte" o Marisa Valle Roso en el papel de La Argentinita para interpretar una sobrecogedora "Panderetera" según la original de Martínez Abades.

Hevia tocó gaita asturiana y también "el electrodoméstico este", en alusión a su famosa versión electrónica del instrumento que tanta fama le sigue dando. Añadió flautas y, en especial, historias, muchas historias. El público disfrutó con ese relato, épica familiar y musical a través de la que el maliayés reivindicó no solo la tradición de los que estuvieron antes que él y de los que aprendió, sino también las formas de los gaiteros, capaces de presentar las canciones con unas historias asociadas que son también relato y ADN asturiano.

Después de que sonaran canciones como "Alborada del Alba", en su relación de homenajes, Hevia evocó a José Antonio García Suárez, el "Gaiteru de Veriña", uno de los primeros en grabar un disco en Madrid, y con el que coincidía en Oviedo en los años en que el de Villaviciosa intentaba grabar "Tierra de nadie", peleándose con la industria discográfica. En esos encuentros, posiblemente también en el hall del Campoamor, le soltó: "¿Tú cuantos discos estás grabando, mozo? Porque cuando yo grabé fueron 20 minutos y 20 minutos y tú lleves dos años pariendo y nada".

José Ángel Hevia, ayer, al inicio de su concierto en el teatro Campoamor. | IRMA COLLÍN

Vista general del público en el Campoamor, ayer, antes de empezar el concierto. / Irma Collín

En su honor sonó el "Fandangu los llobos", y después, mirando al futuro, no solo al pasado, sacó a bailar al escenario a la joven pareja formada por Pau Santirso y Maite Rozada, "xente mozo que están logrando que el baile tenga un momento muy dulce". Viejos amigos y compañeros, al escenario junto a Hevia también acudió Ramón Prada para acompañar "Sobrepena", canción de su autoría para "Tierra de nadie". Las menciones a Llanes permitieron escuchar una divertidísima anécdota de Ignacio Noriega, el gaitero de San Roque, al que Hevia imitó en xíriga y con mucha gracia, el día en que un cura quiso pincharle la gaita para que interrumpiera el pericote delante del Papa.

Luego vendrían Nando Agüeros con "Carretera de Avilés", la delicada interpretación de Marisa Valle Roso, la canción al emigrante de Liuba María Hevia, "El garrotín".... El concierto aniversario ofreció un fin de fiesta imparable que también dejó hueco para que el tambor de María José Hevia, fiel escudera en la percusión de su hermano, sonara entre ovaciones en el Campoamor. La Banda de Gaitas de Candás, un tango y la traca del "Asturias, patria querida" final fueron ya las guindas finales de un pastel de aniversario que dejó al público rendido y emocionado. La tierra de todos.

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