Entrevista | Rafael Puyol Antolín Catedrático de Geografía Humana y exrector de la Universidad Complutense de Madrid, autor de «¿Un mundo sin personas?»

"No hay política demográfica eficaz sin dinero ni continuidad"

"La gente maneja una idea equivocada de la inmigración; hay que perderle el miedo y arbitrar medidas integrales que la vean como algo necesario y positivo"

"Las políticas de ayuda familiar no son de derechas, son ideológicamente neutras y demográficamente imprescindibles"

Rafael Puyol.

Rafael Puyol. / Luisma Murias / LNE

Rafael Puyol Antolín (Gijón, 1945) trae la herramienta de desmontar mitos y el instrumental para depurar con ciencia los prejuicios y la contaminación ideológica que infectan las cuestiones esenciales de la demografía. Catedrático emérito de Geografía Humana, exrector de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Universidad Internacional de La Rioja, ha venido a decir que ni las políticas de ayuda familiar son de derechas ni la inmigración está desbordada ni los inmigrantes vienen a quitarnos el empleo ni los mayores se lo están quitando a los jóvenes. 

Puyol sale a deshacer con datos apreciaciones distorsionadas, a convenir con su colega Massimo Livi Bacci que «la mejor política de natalidad es el mercado de trabajo» y a reivindicar el papel de la demografía. Publica «¿Un mundo sin personas?» (Almuzara).

-¿Cuánto hay de provocación y cuánto de riesgo real hay en la pregunta que se hace su título?

-El mundo no se va a quedar sin personas, evidentemente, pero trato de decir que se ha producido una clara desaceleración del crecimiento y que estamos pasando de una concepción de explosión demográfica a otra de crecimiento mucho más moderado, e incluso de descenso en algunas partes. La gente sigue pensando que estamos en una situación expansiva y que el mundo crece a un ritmo muy acelerado y eso no es verdad. Sigue pensando que la natalidad está desbordada en los países en desarrollo y eso ya no es así. Cree que la inmigración está sobrepasada, y tampoco. Que el envejecimiento es sólo un problema y también supone una oportunidad. Que el crecimiento demográfico no tiene límites y se calcula que habrá una estabilización en la segunda mitad de este siglo… El mundo no se va a quedar sin personas, pero tampoco vamos a ser los que hace años pensábamos que íbamos a ser.

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-En Asturias esa crisis es casi cuarentona: la región tiene las tasas de natalidad más bajas de España desde mediados de los ochenta. ¿Hemos llegado muy tarde al problema?

-Con una buena política de ayuda familiar todavía podemos recuperar algunas décimas. Nunca vamos a llegar a la tasa de fecundidad que permita la renovación de las generaciones, 2,1 hijos por mujer, pero si pasásemos de la actual, que está por debajo de la unidad, a 1,3 o 1,4 y contásemos además con la inmigración, que en los últimos años empieza a tener un balance positivo, la situación demográfica asturiana estaría en unas condiciones bastante mejores.

-¿Qué tiene que tener esa política?

-Primero hay que aclarar que las políticas familiares no son de derechas, como algunos entienden. Son ideológicamente neutras y demográficamente imprescindibles. Para ser eficaz tendría que tener las siguientes condiciones: debería estar muy apoyada por la Administración, pero de verdad, sin medidas cosméticas. Tendría que disponer de una apoyatura económica sólida, porque sin dinero las medidas que se pueden implementar no van a conseguir grandes resultados, y debería sostenerse en el tiempo. ¿Se acuerda del cheque bebé de Zapatero? Eso duró poco y sólo consiguió que las parejas que ya tenían la idea de tener un hijo lo tuvieran.

-¿Lo entenderán los gobiernos?

-Deben entender que estas condiciones son el contexto, el marco. Por debajo, estas políticas tienen que tener acciones específicas, guarderías en buenas condiciones económicas y de horarios, actuaciones en favor de las familias, políticas de conciliación de la vida laboral y familiar… Y medidas de naturaleza económica. Por el nacimiento le damos a usted una cantidad y por cada uno de los hijos que tenga le damos otra al mes … Esas son las políticas realmente eficaces. Eso sin presupuesto va a ser muy difícil. 

-La demografía es una disciplina de base sencilla. Si falla la fecundidad, y aquí falla desde hace mucho tiempo, sólo queda la inmigración. ¿Por qué se ve en la obligación de desmitificarla? ¿Cuánto daño han hecho la ideología y los prejuicios?

-He escrito este libro, entre otras razones, porque a veces la demografía está siendo utilizada como un arma ideológica para justificar determinadas creencias o posicionamientos políticos y porque la gente maneja muchos mitos, prejuicios y falsas percepciones que llevan a actitudes completamente injustificadas. Una de ellas es una idea equivocada de la inmigración. Se le tiene miedo por muchas razones. Miedo al número, a la sustitución étnica y a los modos de vida de los inmigrantes. Miedo a la multiplicación de ciertas enfermedades, a la competencia laboral, al deterioro de determinados servicios o a la inseguridad. No se puede criminalizar a todo un colectivo por el comportamiento de una minoría. 

-¿También hay demasiada ideología reduccionista, que sostiene que el problema se puede resolver incentivando la natalidad y despreciando el componente migratorio?

-Me hice hace tiempo la pregunta. ¿Nacimientos o inmigrantes? Y la respuesta es ambos. No son incompatibles. La demografía es una ciencia de luces largas y se puede sostener una política de ayuda familiar sabiendo que sus resultados se van a ver a medio plazo, dentro de quince o veinte años, y tener presente al mismo tiempo que favorecer la inmigración genera efectos más a corto. Decir que una es mejor que la otra es un error.

-La inmigración está tirando hacia arriba de los últimos datos de población en Asturias y en España, pero los ciclos demográficos son muy volubles. ¿Hay que confiar?

-Soy de los que opinan que la inmigración procedente de los focos tradicionales va a experimentar un retroceso. Van a venir menos personas del este de Europa, de Rumanía, Bulgaria y otros países que ya empiezan a tener un nivel de desarrollo que reduce la inmigración. Se va a rebajar igualmente el flujo desde América Latina, porque allí la natalidad está experimentando una caída brutal y pasa lo mismo en Marruecos y en muchos otros países árabes. La gente cree que en esta zona todo el mundo tiene cinco o seis hijos y no es verdad. Irán está por debajo del nivel de reemplazo y Marruecos, en el borde. En uno de los capítulos del libro me pregunto si Europa va a llegar a ser musulmana.

-¿Y?

 -Evidentemente, la respuesta es no. Primero porque van a venir menos inmigrantes y después porque también se van a reducir los hijos que van a tener los que ya están aquí, porque se acomodarán rápidamente a los comportamientos demográficos del país de acogida. 

-Mal asunto si cede también el soporte de las migraciones.

-En el futuro, tal vez las corrientes migratorias más intensas pueden salir de países que aún tienen tasas de natalidad muy fuertes, por ejemplo los del África subsahariana, aunque también están bajando… Va a seguir habiendo migraciones, pero no tendremos una situación de desbordamiento migratorio. Me preguntaban el otro día qué datos del libro me parecen más significativos y yo mencioné dos: dos tercios de la población del mundo vive en países que ya no son capaces de renovar las generaciones y en todo el planeta hay 281 millones de emigrantes contabilizados por las Naciones Unidas. Eso supone únicamente el 3,7 por ciento de la población mundial.

-Hace años invitaba a crear en Asturias un observatorio para el estudio de las migraciones, junto a un programa de retención de talento con ayudas y ventajas. ¿Uno puede elegir los emigrantes que más le convienen?

-En nuestras sociedades hay un dilema entre el mercado y el Estado. El mercado necesita inmigrantes, mano de obra para actividades que los nativos no quieren desempeñar, y los estados, particularmente algunos gobernados por la ultraderecha, interpretando las opiniones de su población, establecen políticas antiinmigratorias muy intensas. 

-¿Por ejemplo?

La Hungría de Orban no quiere inmigrantes y ha optado por medidas de ayuda familiar que están consiguiendo efectos beneficiosos, pero no los que el país necesita. Nos hacen falta políticas que contemplen la inmigración como un fenómeno necesario y que regulen todos los aspectos que tienen que ver con ella. La llegada de los inmigrantes, su estancia, por supuesto su repatriación en determinadas condiciones y una política de retorno para quienes llegan a la jubilación y quieren volver. Necesitamos políticas integrales de inmigración, pero partiendo de la base de que tiene más elementos positivos que negativos. Y tal vez, sí, una política de captación de los perfiles más beneficiosos para cada tipo de economía. Eso ya lo practica Estados Unidos.

-Hay demógrafos aventurados que dicen que ya ha nacido el bebé que vivirá hasta los doscientos años. ¿Sí?

-Hasta los doscientos no, pero probablemente hasta los cien sí. El récord de la longevidad está en 122… Sí creo que la esperanza de vida media puede llegar a más de cien años en un tiempo que no será corto, pero tampoco muy largo. En una o dos generaciones es perfectamente posible. 

-¿Urge aprender a aprovechar el envejecimiento?

-Tenemos que definir políticas de mantenimiento de las personas mayores en el mercado laboral, entre otras razones porque cada vez va a haber menos jóvenes. Para conseguirlo, siempre partiendo de la voluntariedad, son imprescindibles los acuerdos entre los cuatro grandes interlocutores del mercado laboral. La Administración debería dar facilidades, los sindicatos tendrían que renunciar a oponerse con el argumento, que ya se ha demostrado falso, de que los mayores quitan puestos de trabajo a los jóvenes y las empresas dar incentivos, pero también invitaría a los propios mayores a convencerse de que con una esperanza media de vida de ochentaymuchos años, y pronto de noventa, jubilarse a los 54 es un sinsentido.

-¿Padece el edadismo?

-Es un comportamiento que vivo muy directamente. Hay quien sostiene que si los mayores se mantienen más tiempo en el mercado laboral van a quitar puestos de trabajo a los jóvenes y eso hay que rechazarlo. Los países donde hay más personas mayores trabajando, en Europa los nórdicos o Alemania, también son los que tienen la tasa de desempleo juvenil más pequeña.

-Hábleme de las «zonas azules», donde parece que viven las personas más longevas del mundo. ¿Cuál es su secreto?

-Tienen una serie de características comunes relacionadas con la actividad, la alimentación o los hábitos. Un autor estadounidense, Dan Buettner, ha definido diez rasgos que encontró en todas las que identificó y que tendrían que ver con no ser sedentarios, con moverse y alimentarse de una determinada manera, con tener prácticas de rutina o formar grupos de cohesión. De momento, se han definido cinco en el mundo [en Cerdeña, Grecia, Japón, California y Costa Rica] y creo que probablemente aumentarán en el futuro.

-Tres de cada cuatro asturianos se agolpan en el doce por ciento de la superficie. ¿Qué puede hacer esta región para evitar dejar atrás al noventa por ciento de su territorio?

-El despoblamiento rural es un asunto complejo. No hay soluciones milagro, pero puede haber paliativos y hay políticas que en algunos países se han demostrado eficaces. Una de ellas es establecer en determinadas comarcas centros dotados de todos los servicios que la población pueda demandar y procedimientos eficaces para desplazarse a ellos. Yo insisto mucho en que aquí no hay milagro ni se pueden poner puertas al campo, pero sí ofrecer incentivos para que la gente que se ha quedado en zonas con un fuerte despoblamiento pueda tener unas condiciones de vida mínimamente dignas. 

-El Principado tiene reciente la ley de impulso demográfico. ¿Qué ve en la política demográfica asturiana?

-Van cinco o seis presidentes, incluido el actual, a los que les hablo de esto y nunca he conseguido que haya políticas que enfrenten de verdad los problemas demográficos que tiene Asturias, que son muchos y complejos. Ojalá la ley de impulso demográfico pueda ser el inicio de una auténtica política demográfica, pero voy a ser prudente y a esperar un poco de tiempo a ver qué pasa. Yo creo que lo que hay que hacer está bastante claro. El caso es tener voluntad política de hacerlo y sobre todo dedicar el presupuesto.

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